Noticaucho Nro. 13 - EDITORIAL

La Fuerza de la Razón y la Educación
El Mundo pasó del Oscurantismo a la Ilustración, en el siglo denominado “de las Luces” o “la Edad de la Razón”. Es el siglo XVIII. Unos pocos hombres inspirados por la poderosa fuerza de la razón, crean el Diccionario Razonado de las Ciencias, de las Artes y de los Oficios. Entre ellos Voltaire, Diderot, D’Alembert, Rousseau, Montesquieu. Lo hacen en nombre de la razón –emblema de la ilustración- y con el propósito de examinar todo, desechando lo obsoleto y proponiendo valores modernos.

El fundamento de la Obra era ordenar el conocimiento y colocar al hombre como su centro. A los fines de la clasificación de conocimientos, sigue el esquema del “árbol de Bacon” que divide la actuación de las facultades de memoria, razón e imaginación. La memoria es la sede del conocimiento directo (historia); la razón lo es de la reflexión hecha con el razonamiento (filosofía) y la imaginación, de la imitación reflexiva (bellas artes o poesía). Cada uno de estos grupos de ciencias se subdivide en muchos otros grupos que conforman “el árbol de las ciencias, de las artes y de los oficios”. Por primera vez se enumeran en igualdad con los saberes todos los otros conocimientos: la panadería, la cuchillería, la marroquinería, etc.

Este movimiento, que tuvo consecuencias impensadas, no se inició de modo violento sino a través del pensamiento y apoyado en la fuerza de la razón. Luego le siguió la toma de La Bastilla -el inicio de la Revolución Francesa- y la Historia cambió definitivamente su curso.

Hoy es el siglo XXI. La Historia, maestra de la Humanidad, nos enseña provechosas lecciones que no debemos olvidar.

Todos podemos hacer nuestra propia revolución, centrándonos en el conocimiento y en el poder de la razón. Es a través de estos instrumentos pacíficos pero poderosos, como vamos a obtener los resultados que a veces esperamos de los demás.

Recientemente hemos asistido a un nuevo acto eleccionario que ha modificado sustancialmente los espacios políticos. Estemos o no conformes por los resultados, todavía existe incertidumbre y preocupación, pero no debemos olvidarnos del poder individual ni menospreciar el poder asociativo. Mucho menos minimizar el poder del conocimiento y de la educación.

Volvamos a pensar al hombre en el centro del “árbol de Bacon”. Trabajemos para que las ciencias y los oficios lleguen a todos, contribuyendo a elevar los contenidos técnicos de nuestra Industria.

El Ministerio de Educación acaba de otorgarle a la Tecnicatura Superior en Procesos Productivos del Caucho el carácter de título oficial, lo cual eleva aún más su status académico dentro de la oferta educativa. Ése es el aporte de la FAIC como institución, fruto del poder asociativo. Éste es el momento de las empresas para fomentar esta actividad educativa. Porque para que todo nuestro sector crezca como empresa y desde el factor humano se requiere además, del poder individual y de la convicción personal acerca del origen del cambio, reconociendo la fuerza de la memoria, la razón y la imaginación.

Hasta la próxima,

Lic. Mónica Díaz